Francesco Tonucci cree que los niños están solos y que esta es una enfermedad moderna típica de los países ricos. Una enfermedad forzada por el desarrollo urbanístico de las ciudades y los modos de vida, que han provocado que los pequeños sean hijos únicos y que no salgan a la calle por el temor de sus padres a que les pase algo.
sin embargo recoge la Convención de la ONU sobre los Derechos de los Niños: hay que escuchar a los niños y, sobre todo, tener en cuenta sus opiniones, no solo escuchar como un ejercicio de condescendencia.
“De esta manera se sabe cómo piensan, qué piensan y qué necesitan esas personas que son diferentes de nosotros, los adultos. La diversidad es el valor agregado de la infancia”
Si los escucháramos, continúa Tonucci, descubriríamos que los niños querrían una escuela “donde no se aburran, donde no pasen tanto tiempo haciendo tan poco y de tan poco interés para ellos. Quieren una escuela que los escuche y esté interesada en sus intereses, que no pueden agotarse en el lenguaje y las matemáticas, pero que a la vez puedan extenderse a lo largo del rango de las 100 lenguas que manejan los niños."
Este articulo nos hace ver la realidad que pasa en los colegios, los niños se aburren haciendo tantas horas lo mismo, los profesores deberían de escucharlos y ponerse de acuerdo con ellos para hacer una metodología en la cual no se aburran y aprendan haciendo y les motive a seguir hacia delante, con sus aspiraciones y metas en la vida.
Queremos a niños felices, hagamos un llamamiento a los profesores y futuros profesores para que sepan que los niños tienen que ser escuchados y motivados.

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